Jonas Vingegaard, en cabeza de carrera durante la quinta etapa del Critérium del Dauphiné 2023. El danés, ganador final de la prueba, es uno de los corredores que ya ha competido al máximo nivel con transmisión monoplato, un laboratorio perfecto para probar las nuevas fronteras de la tecnología en carretera.En MTB y gravel el salto al monoplato ha sido tan natural que ya no hay debate. Doce velocidades, un plato, un rango enorme, un manejo sencillísimo y cero problemas mecánicos. Se acabó pensar, los cruces imposibles, y depender de un desviador delantero caprichoso. Ahora solo pedaleas, subes o bajas piñones… Y punto. Lo curioso es que esto sonaba a ciencia ficción hace poco más de diez años. Montábamos bicicletas de 26 pulgadas con tres platos y nueve velocidades. Era lo normal. Un 22‑32‑44 combinado con un 11‑36 permitía bajar a toda velocidad y subir auténticas paredes. El sistema funcionaba, sí. Pero era complicado de usar, y más en situaciones límite en que hay que encontrar el desarrollo correcto en décimas de segundo. Para moverte con soltura entre desarrollos había que ser casi matemático. Además, ajustar bien el desviador delantero era un arte y el peso de todo el conjunto era mucho mayor. El primer gran cambio fue el aumento del diámetro de rueda. El paso de 26 al 29 cambió por completo la inercia, la tracción y la forma en la que la bici avanzaba y entraba en zonas técnicas. El segundo cambio fue igual de importante: más piñones atrás. Primero 10, luego 11, hoy 12... De repente, el monoplato empezó a tener todo el sentido del mundo. .Los números no engañan. Un SRAM Eagle 12v con cassette 10–52 ofrece un rango del 520 %, prácticamente idéntico al de los antiguos triples de MTB. Un Shimano XTR 3×9 con 22/32/44 y 11–36 daba cifras muy similares. El miedo a quedarse “sin desarrollo” simplemente no se cumplió. Podéis verlo en la simulación hecha con gear-calculator.com. Solo se pierde el piñón más pequeño si montamos un plato de 32, o el más grande si montamos un 36. Y esa es otra de las ventajas del monoplato. Se puede intercambiar un plato por otro en segundos en función del perfil de la ruta que vayamos a hacer. No hace falta sacar la biela.Más importante que los números fue la experiencia de uso. El monoplato liberó la cabeza. Simplificó el gesto. Cuando el terreno se pone feo o el pulso se dispara, pensar menos es una enorme ventaja. Por eso el miedo inicial a la supuesta pérdida de desarrollo o a los saltos entre marchas se ha ido diluyendo. El problema estaba más en nuestras cabezas que en la bici.Después llegó el gravel, que aceleró el proceso. Adoptó el monoplato casi como una consecuencia lógica: terrenos irregulares, cambios constantes de ritmo y una necesidad clara de fiabilidad. Ahí el sistema encajó como un guante. Y, sin quererlo, abrió la puerta a la carretera.Durante años se ha dicho que el monoplato no sirve para carretera. Que los saltos son demasiado grandes. Que no se puede mantener una cadencia fina. Sin embargo, la realidad ha empezado a contradecir ese discurso. Primero llegaron las cronos, donde el monoplato ya se ha convertido en solución estándar. Luego los experimentos. En 2018, el equipo Aqua Blue fue pionero apostando por bicicletas de carretera monoplato de forma abierta con la bicicleta 3T Strada, diseñada en colaboración con SRAM para funcionar exclusivamente con un plato. Más recientemente, Primož Roglič ha competido con monoplato en grandes vueltas y Jonas Vingegaard ganó una etapa de montaña usando transmisión 1x. No son pruebas aisladas ni excentricidades: son ensayos en el laboratorio más exigente que existe.Jonas Vingegaard ataca camino de Valle Castellana durante la quinta etapa de la Tirreno‑Adriático 2024. El danés volvió a competir con transmisión monoplato en una jornada de final exigente, una imagen más de cómo el 1x ya se prueba con normalidad en el máximo nivel del ciclismo en carretera.A día de hoy, el monoplato en carretera sigue siendo minoritario y visto con recelo. Pero todo apunta a que es cuestión de tiempo. No parece descabellado pensar que, dentro de cinco años a más tardar, empezará a popularizarse. No solo por rendimiento, también por comodidad y lógica de uso. Ahora os explico los motivos.Lo único que falta para que el círculo se cierre es la generalización de los grupos con 13 piñones. Es interesante analizar la evolución en la que está trabajando Campagnolo. Tiene el grupo biplato Super Record para carretera 13v con cassettes 10-29/33/36. Es electrónico, inalámbrico y una maravilla técnica con un precio prohibitivo. Ronda los 4.000 € sin potenciómetro y más de 5.000 con él. Campagnolo también tiene un grupo Super Record X para gravel no mucho más barato. Éste sí que es monoplato, con cassette ¡9-42! o 10-48, electrónico e inalámbrico. Y, por fin, ha comercializado para gravel el grupo Ekar 13v monoplato, mecánico y con piñón 9, mucho más económico y asequible para el aficionado medio. La tecnología está lista. Solo falta que la marca italiana se decida a comercializarla para carretera. De hecho, SRX y Ekar son grupos all‑road de manual que ya se están usando en pruebas de ultrafondo.La marca italiana ni siquiera es pionera. SRAM es quien lleva más tiempo trabajando en el monoplato, y la marca que están usando los profesionales que han apostado por ello. En febrero de 2019 presentó su grupo SRAM Red eTap AXS de carretera monoplato con 12 velocidades 10-28/33/36. Desde entonces ha evolucionado con nuevos grupos como el XPLR 1×12 (10‑44), que aunque está orientado al gravel fue usado por Roglič en el Giro 2023. En mayo de 2024 presentó oficialmente el primer grupo monoplato con trece piñones, el SRAM RED XPLR AXS, que de inmediato se convirtió en referente en gravel competitivo y en pruebas de carretera. Eso sí, el grupo completo con potenciómetro ronda los 4.000 € y sin potenciómetro los 2.600, un precio inferior a Campagnolo pero que aún no está al alcance de la inmensa mayoría de los ciclistas aficionados.Probablemente tengamos que esperar a que Shimano entre definitivamente en la pelea para encontrar grupos monoplato electrónicos de 13v que no nos lleven a la quiebra. Por ahora, su grupo más compatible es el GRX 1x12 para gravel y all-road. En su versión mecánica de gama media ronda los 800 € mientras que la electrónica puede superar los 1.300, pero le falta la finura y el escalonamiento que necesita un grupo para ser usado en carretera..Con un plato de 44 dientes y 13v 9-42, el Campagnolo Ekar da un rango similar al del clásico compact 11‑34 que hoy es el estándar en cicloturismo de carretera. Como podéis ver en esta captura de gear-calculator.com, el Super Record X 10-48 da un rango aún mayor con un plato 48, que podría ser más subidor con 46 y más rodador con 50.La gran crítica, la de siempre, es la de los saltos entre piñones. Pero cuando se analizan los desarrollos reales, y podéis verlo en la imagen, la narrativa se desmorona. En los piñones pequeños, donde de verdad más importa no romper la cadencia, los saltos son muy similares a los de un grupo 2x12. Las diferencias se concentran en la parte subidora del cassette, justo donde la precisión extrema deja de ser prioritaria. Y eso sin olvidar que los fabricantes ofrecerán múltiples escalonamientos de cassette cuando el 13v se popularice.Queda otra duda habitual: el cruce de cadena. Los diseños modernos de líneas de cadena, platos narrow‑wide y cambios con embrague han reducido ese problema hasta hacerlo prácticamente irrelevante en uso real. No es un freno técnico serio.Si algo nos enseña la historia reciente del ciclismo es que los estándares no son eternos. Durante años nadie cuestionó el triplato en MTB. Hoy parecería un anacronismo. El monoplato ya ha demostrado que funciona en el monte y en el gravel. Y su aterrizaje en la carretera es inminente.No es una evolución pendiente. Es una revolución que ya está en marcha.¡Lleva el deporte contigo! Descarga la App de AS para recibir alertas al instante y configura en MiZona qué quieres leer, sigue a tus equipos y consulta sus partidos. Descárgala aquí.