El informe identifica los kilómetros donde la accidentalidad no es una anomalía, sino un patrónEn los últimos cinco años, 295 kilómetros de carretera española han acumulado un riesgo diez veces superior a la media del país. Son los llamados tramos de alta siniestralidad, puntos donde el Índice de Peligrosidad Medio (IPM) dispara las alertas y donde –entre 2020 y 2024– se han registrado 1.752 accidentes y 2.497 víctimas.Catalunya tiene los suyos, y no son pocos: un total de 45 tramos negros repartidos a lo largo de toda la comunidad. En estos puntos se han producido 562 accidentes con víctimas y 752 afectados –un 32% del total de accidentes registrados a nivel estatal– en el mismo período de tiempo.Los datos provienen de un listado de informes de cada comunidad elaborados por Automovilistas Europeos Asociados (AEA) con cifras del Ministerio de Transportes y Movilidad Sostenible. El estudio analiza la Red de Carreteras del Estado –convencionales, autovías y autopistas– e identifica los kilómetros donde la accidentalidad no es una anomalía, sino un patrón. Cabe recordar que España cuenta con la red de carreteras de alta capacidad más amplia de la Unión Europea, tal como subraya el estudio.Los tres tramos con más accidentes y víctimasAunque en la lista general de peligrosidad Barcelona solo aporta dos tramos (en la B-40 y la N-340), la provincia acapara el punto más crítico de la red de autopistas: el kilómetro 14 de la B-23. En ese tramo de la autopista a la salida de Barcelona, se han contabilizado 42 accidentes y 62 víctimas en el periodo analizado, siendo el punto con más afectados de todo el país dentro de la red de autopistas. El kilómetro 13 de la misma vía figura también entre los tramos críticos, lo que convierte a este corredor en el punto negro por excelencia de la red catalana.Dentro de la misma provincia habría que añadir otros tramos de alta peligrosidad: el primer kilómetro de la B-40, con 29 víctimas, y la N-340, que también destaca en el listado con 40 accidentes y 50 víctimas.La provincia de Girona concentra su peligrosidad en la N-260, la carretera que recorre el Pirineo catalán de este a oeste. Los kilómetros 166 y 117 superan con creces el umbral de peligrosidad fijado por AEA, aunque son el 165 y el 161 los que se erigen como los más extremos de toda la comunidad, con IPM de 852,4 (cuarto del ránking nacional) y 639,3 (octavo), respectivamente. Se trata de dos tramos de carretera convencional de montaña donde el trazado exigente, las pendientes y la presión del tráfico generan condiciones de un riesgo 100 veces superior a la media nacional (8,2).En Tarragona, los kilómetros 17 y 15 de la T-11 –la vía que conecta la capital con el Camp de Tarragona– cierran el mapa catalán de puntos negros de tráfico. AEA los señala como tramos de alta incidencia dentro de la red estatal, siendo el segundo y tercer tramo con más víctimas de toda la Red del Estado (113 víctimas y 103 víctimas, respectivamente). Esta consideración responde a una alta densidad de circulación, a características de la calzada que no absorben bien esa presión y una siniestralidad que se repite con suficiente regularidad como para dejar de ser considerada accidental.Los kilómetros 1188 (50 accidentes) y 1159 (41 accidentes) de la N-340 se suman como puntos de extrema siniestralidad en la provincia.¿Qué mide el Índice de Peligrosidad Medio?El IPM no se limita a contar accidentes, también mide su concentración en relación con la intensidad del tráfico en cada tramo. De esta manera, un valor diez veces superior a la media nacional indica que el riesgo no es proporcional al volumen de circulación: algo en ese kilómetro multiplica la probabilidad de que algo salga mal al volante, y esta distinción separa a un tramo de alta siniestralidad de uno simplemente transitado.