Nos situamos a mediados de los años 30: la todavía joven BMW ya se había ganado un nombre en la competición con los 315/1 y 319/1, pero la competencia no se detuvo y amenazaba con dejar técnicamente atrás a los muniqueses. En el pequeño, pero muy motivado departamento de competición dirigido por Fritz Fiedler, nació entonces un proyecto llamado a cambiarlo todo: el BMW 328. El roadster debutó en junio de 1936 en el Eifelrennen del Nürburgring, un auténtico golpe de efecto al que siguió, en la primavera de 1937, el inicio de la producción en serie por la nada despreciable cifra de 7.400 Reichsmark. Arrancaba así una época en la que casi no había carrera de la clase de 2 litros sin un 328 en el podio. En lo estético, el 328 marcó el adiós al clásico diseño de caja. Aunque todavía se reconocían sus antepasados deportivos, a partir de aquí mandó la aerodinámica. Las formas se suavizaron y las líneas se volvieron más fluidas. Como primer modelo con un ligero chasis tubular, adoptó la carcasa redondeada del radiador introducida con el BMW 326. Sin embargo, el principal rasgo de diseño fue la integración de los faros en las aletas delanteras: un aspecto moderno que definió la 'cara' de la marca hasta los años 60. Ingeniería con sabor a competición El motor era un seis cilindros en línea de 1.971 cm³. Los ingenieros recurrieron al probado bloque del propulsor de 2 litros, pero lo remataron con una culata completamente nueva de aleación de aluminio. La solución fue brillante para su época: las válvulas de admisión se accionaban desde el árbol de levas lateral mediante varillas empujadoras y balancines, mientras que las válvulas de escape se gobernaban a través de varillas horizontales adicionales. En la configuración de serie, el motor tenía 80 CV que, con un peso del conjunto de apenas 830 kg, aseguraba una respuesta muy viva. Las versiones de carreras, según puesta a punto, rindieron entre 118 y 135 CV y llevaron al coche hasta 220 km/h. Carrocerías a medida y secretos del túnel de viento Además del roadster de serie, los clientes con mayor presupuesto podían optar por carrocerías personalizadas. Firmas como Ludwig Weinberger o Gläser fabricaban elegantes cabriolets, mientras que Wendler, en Reutlingen, llegó a realizar incluso un coupé con 'hardtop' desmontable. Especialmente interesantes fueron los modelos de líneas aerodinámicas de Wendler, basados en diseños del padre de la aerodinámica, el barón Koenig-Fachsenfeld. BMW 328 Kamm-Coupe, réplica Un dato curioso: mediciones en túnel de viento realizadas en 1978 arrojaron para el 328 un coeficiente aerodinámico (Cx) de 0,44. Parte de la culpa la tenían las llamativas ranuras de ventilación del capó. Si se hubieran reducido, como se planeó inicialmente, el valor habría bajado incluso por debajo de 0,40. Estas carrocerías se fabricaban con artesanía clásica: un armazón de madera hacía de esqueleto, sobre el que se fijaban los paneles con innumerables clavos pequeños. El mito de la Mille Miglia El nombre BMW 328 estuvo inseparablemente ligado a la Mille Miglia. Para Le Mans 1939, BMW encargó al carrocero milanés Touring un coupé con la patentada construcción 'Superleggera' (superligera). En ella, finísimas chapas de aluminio se soldaron a una estructura de tubos en forma de celosía: alta tecnología para la época. BMW 328 en la Mille Miglia de 1940 Tras una victoria de clase en Le Mans, llegó en 1940 el triunfo definitivo: Fritz Huschke von Hanstein y Walter Bäumer ganaron la Mille Miglia con el coupé de Touring, con una ventaja de 15 minutos sobre rivales claramente más potentes. El resto del equipo aseguró con tres roadster especiales 'Mille Miglia' las posiciones tercera, quinta y sexta. Sólo el experimental coupé Kamm abandonó y más tarde fue desguazado; no sería hasta 2010 cuando BMW presentaría una compleja reconstrucción de aquel coche. El legado después de 1945 Tras la guerra, el motor del 328 vivió una segunda edad dorada y se convirtió en salvavidas del automovilismo alemán. Es casi el único propulsor competitivo en Alemania y encajó a la perfección en la nueva Fórmula 2. Marcas como Veritas y AFM dominaron la escena con tecnología BMW. Incluso en la RDA, en la antigua planta de Eisenach, se siguió desarrollando el concepto del 328 bajo el nombre EMW. En el plano internacional, la británica Bristol Aeroplane Company se hizo con los planos de diseño e incluso con el propio ingeniero Fritz Fiedler. El motor BMW se convirtió así en la base de todos los modelos Bristol hasta 1961 y animó también a coches de carreras de Lotus, Cooper y AC. BMW 328 Hommage (2011) Que el 328 sigue siendo inolvidable quedó demostrado por las espectaculares propuestas de homenaje en 2006 y 2011. Sobre la base del Z4 (E85), reinterpretaron el espíritu del original con un uso moderno de CFRP, aunque el heredero fue unos 400 kg más pesado que su antepasado de 1936.