En el siempre impredecible mercado de los clásicos, hay vehículos que trascienden su propia ficha técnica para convertirse en piezas de coleccionista con historia propia. Uno de esos casos ha vuelto a captar la atención tras una subasta internacional en la que un deportivo europeo de los años setenta ha alcanzado una cifra que confirma su estatus de icono contemporáneo. La unidad, vinculada a un alto ejecutivo del sector del automóvil, ha sido adjudicada por cerca de 250.000 euros (293.000 dólares), en una puja cerrada con 61 ofertas. Más allá del importe, lo que ha elevado el interés es la combinación de procedencia, evolución mecánica y el nivel de conservación de un ejemplar que ha pasado por varias etapas muy diferenciadas a lo largo de su vida. Un clásico ligado a la cúpula de Ford El vehículo pertenecía al actual presidente y consejero delegado de Ford Motor Company, Jim Farley, conocido por su afición a los modelos históricos de la marca y a los deportivos de carácter analógico. La unidad se integró en su colección personal en 2024, tras pasar por diferentes propietarios y procesos de restauración. Se trata de un De Tomaso Pantera de 1972, un modelo que nació de la colaboración entre ingeniería italiana y tecnología estadounidense, con diseño de Tom Tjaarda y chasis firmado por Giampaolo Dallara. Bajo el capó, el conocido V8 Cleveland de origen Ford marcó desde el inicio el carácter del vehículo, combinando exotismo europeo con músculo americano. Un coche de empresa En su origen, el modelo fue entregado a la división Aeronutronic de Ford Aerospace como vehículo corporativo, un destino poco habitual para un superdeportivo de estas características. Su carrocería, diseñada bajo la supervisión de Tom Tjaarda, se presentó con un acabado amarillo de fábrica y elementos como paragolpes cromado divididos. Aquel planteamiento respondía a una etapa muy concreta de la industria, en la que Ford comercializaba este tipo de vehículos en Estados Unidos, aunque su uso interno dentro de la propia compañía resultaba una rareza absoluta. Con el paso del tiempo, aquel experimentos industrial se convirtió en una pieza de coleccionista con valor histórico añadido. De las carreteras a los museos Tras su registro en California en 1974, el coche desapareció durante años del uso cotidiano hasta reaparecer convertido en pieza de exposición en un museo de Massachusetts, donde permaneció durante casi dos décadas. Su estado prácticamente inmóvil lo transformó en un objeto de contemplación más que en un automóvil funcional. El regreso a la carretera llegó años después, aunque no sin incidentes. En una subasta celebrada en 2018, una prueba de conducción terminó con un accidente leve que afectó a la carrocería lateral, obligando a una restauración posterior. Ese episodio marcó un punto de inflexión en su historia reciente. Restauración mecánica La etapa más reciente del vehículo ha estado centrada en una intervención mecánica profunda. El motor V8 de origen americano ha sido reconstruido y ajustado para mejorar su rendimiento, incorporando componentes de alta compresión, nuevos sistemas de admisión y mejoras en la gestión del encendido. El resultado es una potencia superior a los 400 CV, manteniendo el carácter original del bloque. También se han revisado elementos clave del chasis, con suspensión ajustable, sistema de frenado actualizado y dirección mejorada. La transmisión manual de cinco velocidades ha sido reconstruida, mientras que el sistema de refrigeración y escape ha recibido componentes modernizados para garantizar mayor fiabilidad. Interior renovado El habitáculo ha sido objeto de una restauración completa que respeta la configuración original, pero introduce materiales actualizados. Los asientos han sido retapizados en vinilo negro con tejido de patrón clásico, mientras que el salpicadero mantiene instrumentación analógica con velocímetro de alta lectura y cuentarrevoluciones de hasta 8.000 rpm. El equipamiento incluye mejoras discretas como sistema de sonido actualizado, aire acondicionado modernizado y elementos eléctricos revisados. El cuentakilómetros marca al rededor de 34.000 millas lo que equivale a casi 55.000 kilómetros. Un cierre de subasta con nombre propio El comprador, que se esconde bajo el nombre de benkopf, es asiduo a las subastas de clásicos, habiendo ganado 19 de ellas en la web Bring a Trailer. En esta ocasión, dejó un comentario en el que anticipaba su intención de disfrutar del vehículo y preservar su historia, subrayando la singularidad de su recorrido y los múltiples vínculos que lo conectan con diferentes etapas de la industria del automóvil.