En el universo del motor hay iconos que transcienden la carretera. Algunos lo hacen convertidos en arte, otros en objetos de culto y, en casos muy concretos, en piezas de lujo extremo. Eso es lo que ha ocurrido con una discreta furgoneta de reparto de finales de los años veinte, utilizada originalmente para transportar mercancías por las calles de París, que ahora reaparece reinterpretada como un reloj de sobremesa. Esta pieza, firmada por Louis Vuitton, se ha presentado en Milán durante un evento internacional de alta relojería y ha llamado la atención del sector del motor por razones poco habituales. No corre, no suena y no consume combustible, pero su precio la sitúa en la misma liga que algunos de los deportivos más exclusivos del mercado actual. Una furgoneta histórica como punto de partida La silueta reproduce fielmente una pequeña furgoneta de reparto que circulaban por Europa a finales de los años veinte y principios de los treinta. Lejos de ser un simple ejercicio estético, el objeto busca reconstruir una escena histórica concreta, la logística urbana de lujo de los albores del automóvil moderno. Los colores elegidos, amarillo y azul, no son casuales. Remiten a los tonos utilizados en aquellos vehículos que circulaban por París hace casi cien años. Incluso aparecen referencias gráficas a direcciones emblemáticas de la época, integradas en los laterales como si se tratara de rotulación comercial. Inspirado en las pequeñas furgonetas de reparto que circulaban por Europa a finales de los años veinte. Donde debería de haber un motor, hay relojería Bajo la parrilla no hay dos cilindros visibles que indican horas y minutos, ocupando el espacio donde antes se alojaba el bloque mecánico. El habitáculo queda reservado para el regulador del movimiento, completamente a la vista. El mecanismo ha sido desarrollado por el especialista suizo L’Epée 1839 y cuenta con remonte manual y ocho días de reserva de marcha, cifras propias de la alta relojería tradicional. El sistema se da cuerda mediante una llave que se guarda en una pequeña maleta situada en la parte trasera, un detalle que recuerda al arranque a manivela de los coches de época. Reloj furgoneta Louis Vuitton Cuando el detalle justifica (o no) el precio La versión más 'accesible' se sitúa en torno a los 68.000 euros, una cifra ya elevada para un reloj de sobremesa, pero relativamente contenida dentro del lujo técnico. La verdadera excentricidad llega con la variante limitada a quince unidades, donde aparecen 1.695 diamantes, además de zafiros y un diamante central en el frontal. Con 41,44 quilates en total, este reloj-furgoneta alcanza los 655.000 euros, una cifra comparable a la de un Lamborghini Revuelto o un Ferrari SF90 Stradale.