Coches de combustión a la venta en 2035, sí, pero la letra pequeña son estas durísimas condiciones A principios del año 2023, la Unión Europea acordó que cualquier coche nuevo con motor de combustión interna no se podría vender en los concesionarios europeos a partir de 2035. Esta decisión no fue del todo bien recibida por fabricantes y compradores, lo que llevó a Bruselas a rectificar a finales del año pasado y a ser más permisivos, aunque con una letra pequeña con durísimas condiciones.El objetivo de esta iniciativa no era otro que fomentar la transición hacia el coche eléctrico puro, al que se podría sumar el vehículo de pila de combustible de hidrógeno como alternativa. Esto dejaba fuera tanto a los coches diésel y de gasolina tradicionales, como a cualquier tipo de hibridación, desde los híbridos ligeros (MHEV), pasando por los híbridos convencionales (HEV) y los híbridos enchufables (PHEV).La medida más polémica de EuropaEra un cambio drástico con un plazo de entrada en vigor de menos de 12 años. En ese período, debían pasar varias cosas para que la transición fuera un éxito en enero de 2035. Por un lado, que los fabricantes desarrollaran a tiempo la tecnología del vehículo eléctrico y democratizaran los precios de venta para hacerlos accesibles a todo tipo de comprador.Por otro lado, que la red de carga pública fuera lo suficientemente amplia y consistente para dar servicio a un parque móvil que debería ser mayoritario a partir de 2035. Además, los tiempos de carga de los coches eléctricos debían ser más bajos, aumentando la potencia de recarga y mejorando tanto la capacidad energética como la eficiencia de sus baterías, y por tanto, también la autonomía.Y, por último, el cambio de mentalidad de los conductores. Si bien entre 2023 y 2025 la expansión del coche eléctrico ha sido favorable, todavía hay países que están muy por debajo de la media europea, o países referentes como Noruega, donde más de un 90% de las ventas de coches nuevos suelen acapararla los eléctricos puros.A estos retos a los que se enfrentaba Europa antes de dar el salto a un modelo en el que solo se iba a poder comprar coches nuevos eléctricos o de hidrógeno, pero en el que sí podrías seguir circulando con tu coche de combustión, se suman las presiones que los lobbies y la industria del automóvil europea han hecho en los últimos meses a Bruselas para que cambie de opinión, o al menos, sea algo más permisiva con sus restricciones y plazos.A fin de cuentas, los intereses económicos son los que definen tanto las limitaciones como los períodos de cambio. Y una transición tan extrema en el que toda una industria debía abandonar los coches de combustión (recuerda que tampoco podrían vender este tipo de vehículos en Europa las marcas no europeas), generaban un escenario complejo y desafiante muy difícil de afrontar.Marcha atrás, pero con límites muy estrictosPor lo tanto, a mediados del pasado mes de diciembre, Ursula Von der Leyen anunció que en Europa se seguirán vendiendo coches de gasolina y diésel más allá de 2035, aunque también confirmó que este cambio en los planes supone que habrá muchas restricciones para este tipo de motores dentro de algo menos de nueve años.La Unión Europea ha suavizado su objetivo de reducir el 100% de las emisiones de CO2 en 2035, aunque la rebaja de este objetivo no ha sido especialmente notoria, pasando de un 100% a un 90% para los turismos, mientras que para las furgonetas ese objetivo se reduce el 50% al 40% en 2030. De este modo, Europa va a permitir a los fabricantes seguir produciendo un número limitado de coches de gasolina y diésel gracias a ese 10% de emisiones al que ha renunciado tras las presiones recibidas por industria y gobiernos. Así lo confirmó el presidente del Partido Popular Europeo, Manfred Weber, quien afirmó que “todos los motores podrán seguir produciéndose y vendiéndose en el mercado europeo después de 2035. El objetivo del 90% para 2035 es una petición del Parlamento Europeo, que ya se intentó introducir como enmienda cuando se debatió esta propuesta en el Parlamento hace cuatro años”.Este 10% abre la puerta a que el coche eléctrico y, en menor medida, el coche con pila de combustible de hidrógeno no sea la única opción de compra posible más allá de 2035. En lugar de ello, los europeos podrán adquirir coches nuevos con sistemas de propulsión híbridos enchufables (PHEV) y eléctricos de autonomía extendida (EREV/REEV).La opción del combustible sintético sigue presenteDentro de este 10% también podrían entrar los coches de combustión tradicionales y los híbridos, ya sea en su forma convencional (HEV) e híbridos ligeros (MHEV), aunque para estas tecnologías queda por ver si el uso de combustibles sintéticos es la única vía para que sigan disponibles en el mercado.Además de que la producción de este tipo de vehículos se verá limitada en el futuro, los fabricantes de coches deberán hacer también algunas concesiones con las que compensarán el impacto ambiental que generan estos motores.Para ello, los fabricantes de coches deberán compensar las emisiones generadas por los coches gasolina y diésel implementando medidas específicas en sus plantas de producción, como el uso de hidrógeno verde, neutro en carbono, biocombustibles o el acero verde, por ejemplo.Al mismo tiempo, los coches deberán fabricarse en Europa, un requisito que viene impulsado por el aumento de las marcas que han decidido llevar la producción a países como China, mientras que compañías del país asiático se han adentrado en el mercado europeo con una oferta de vehículos a precios bajos que han mermado la competitividad de la industria automotriz local.Este requisito es clave para entender el motivo por el que Europa ha cedido a las presiones del sector automotriz en cuanto a sus restricciones. En los últimos años, la competitividad de toda la industria europea se ha visto seriamente afectada por la llegada de marcas procedentes de China con ofertas de coches a precios muy competitivos.Producir en China es más económico que hacerlo en Europa, y esa es la razón por la que muchos fabricantes occidentales han trasladado sus producciones al gigante asiático como una medida de mantener los precios de venta más bajos dentro de los márgenes de beneficio establecidos.La llegada de coches chinos eléctricos a precios muy reducidos ha complicado la situación de las marcas europeas, por lo que este criterio es un espaldarazo al sector local. Recientemente hemos podido comprobar que España también tiene en cuenta este criterio para obtener una ayuda económica superior en la compra de un vehículo electrificado con el nuevo Plan Auto+.