El futuro del automóvil parece encaminarse hacia la electrificación. Sobre el papel, los motores de combustión interna están destinados a ceder el protagonismo a los híbridos y eléctricos, pero la realidad es que siguen muy presentes. Además, son una tecnología en constante evolución, lo que ha hecho que en los últimos años surjan alternativas como el gas, el etanol o el hidrógeno que buscan reducir emisiones.En este sentido, siguen apareciendo nuevas propuestas para no renunciar a los motores de combustión. El último caso ha surgido en Estados Unidos, donde una empresa emergente ha presentado un motor que funciona con amoniaco y que, en teoría, puede eliminar las emisiones de CO2. Un motor revolucionario La 'startup' First Ammonia Motors (FAM), en colaboración con el Instituto Fraunhofer de Microtecnología y Microsistemas (IMM), promete haber dado con un motor de combustión interna que funcione sin petróleo convencional y sin emitir CO2. La clave es que utiliza amoniaco, que es un gas que está compuesto por tres átomos de hidrógeno por cada átomo de nitrógeno. Desde L'Automobile explican que cuando se pone en marcha el sistema con el motor de arranque, el amoniaco que no se ha quemado se expulsa por el tubo de escape y se descompone. Es entonces cuando ocurre la magia: su hidrógeno se reinyecta directamente, a modo de aditivo. Y es que el hidrógeno, que es extremadamente inflamable, actúa como el combustible iniciador que ayuda a que el resto del amoníaco se queme sin problemas. En otras palabras, el motor descompone el gas, toma una pequeña parte del amoníaco y lo separa en sus componentes básicos, que son hidrógeno y nitrógeno. El primero de ellos, que es más inflamable que el amoníaco, ayuda a que este último se queme en la combustión. Una vez en marcha, el motor solo emite nitrógeno y vapor de agua, por lo que emite una contaminación menor que otros sistemas. ¿Se podrá aplicar a coches reales? El objetivo de la 'startup' es comercializar su invento para convertir un motor de gasolina convencional a amoníaco. El principal impedimento es que el amoníaco es difícil de producir y, por lo tanto, caro. Concretamente, requiere la producción previa de nitrógeno e hidrógeno, un proceso que consume mucha electricidad. Eso sí, el aumento de los precios de la gasolina puede hacer que el amoníaco resulte competitivo.