Rolls-RoyceNo todos los dueños de coches son iguales y hay quien considera su vehículo como algo más que un medio de transporte para ir del punto ‘A’ al punto ‘B’. Esto es algo que siempre he tenido claro y en lo que quizás me des la razón. Es algo fácil de identificar, además, solo con ver cómo algunas personas que nos encontramos en el día a día tratan su coche.Hay quien cree que solo merecen un trato especial los coches más exclusivos o caros, pero no necesariamente es así. El dueño de un humilde Opel Corsa de 1997 puede tenerlo entre algodones y el propietario de un Mercedes Clase E de hace un par de años puede no mantenerlo en las mejores condiciones.El caso es que el coche es lo de menos, sino lo que significa para el propietario. Quizás evoca recuerdos agradables o representa algo especial para ti, mientras que otras personas solo ven en su vehículo un medio de transporte con el que poder desplazarse con cierta comodidad. Es un fenómeno que no entiende de modelos y tampoco del tamaño de la cuenta corriente.La razón por la que hoy hablo de este tema es porque las cosas no son tan diferentes cuando se trata de otros fabricantes o de personas con un poder adquisitivo mucho mayor de lo que nosotros, simples mortales, podemos concebir. Es algo de lo que me he dado cuenta en la última presentación a la que he acudido, que también ha sido una de las más especiales hasta la fecha: la de los 100 años del Rolls-Royce Phantom -de esta forma tan curiosa y, por qué no, escandalosa hizo su celebración-.Cualquier persona, independientemente de su afición al motor, sabe que Rolls-Royce es una de las marcas más exclusivas del planeta. Su fama se ha forjado durante décadas y sigue siendo considerada una firma referente en el mundo del lujo. Te puedes imaginar cómo son sus coches, pero las expectativas se ven superadas cuando te subes a uno de ellos. El caso es que no se trata del único fabricante de lujo del mercado, pero sí de uno muy peculiar. Al cabo del año sale al mercado una asombrosa cantidad de coches exclusivos, pero el trato que reciben es muy distinto. ¿Lo más habitual? Que apenas sean usados y acaben guardados en un garaje climatizado para ser vendidos tiempo después para sacar un beneficio.Este fenómeno no es más que pura especulación y es tristemente común entre las marcas más caras, las cuales intentan combatirlo con la obligación de mantener el coche un tiempo determinado, la prohibición de comprar futuros modelos para los especuladores o incluso modelos de suscripción. En este caso, los dueños no compran un vehículo para conducirlo, sino que es un método de inversión.En cualquier caso, no siempre es así en las altas esferas. Volviendo a Rolls-Royce, su caso es diferente. No es habitual ver sus modelos en subastas millonarias, incluso si se trata de variantes de producción muy limitada que podrían alcanzar cifras astronómicas. No obstante, la diferencia está en los clientes, que no suelen buscar una inversión, sino algo más especial.