Los Mossos d'Esquadra han publicado un post en X, antes Twitter, sobre un control de tráfico en el que se encontraron una sorpresa. No se trataba de exceso de velocidad ni tampoco de algún hallazgo como drogas dentro del vehículo. Se trataba de un taxista que circulaba sin ITV y con los neumáticos en muy mal estado. El peligro de los neumáticcos desgastados Sin ir más lejos, hay una imagen que desde hace unos días está llamando la atención de los usuarios y con motivo. Se trata de un coche volcado en el lateral de la carretera. A la vista de la matrícula del vehículo, todo parece indicar que ha ocurrido en California, Estados Unidos. La primera foto deja en claro que el suelo estaba resbaladizo, pues aprecia un charco de agua. El motivo del accidente habría sido que, ante las condiciones del asfalto tras la lluvia, el coche no habría respondido bien. ¿El motivo? La banda de rodadura de los neumáticos se muestra muy deteriorada y prácticamente lisa. Profundidad del dibujo: la clave Los cuatro puntos de contacto con el asfalto de un automóvil (dos en el caso de las motos) deben presentar un estado óptimo de utilización, tanto en lo que se refiere a las presiones como al dibujo de la banda de rodadura. Según un estudio realizado por Continental, dos tercios de los conductores desconocen cuál es la profundidad correcta en los neumáticos. Su funcionamiento ideal se produce entre los cuatro y ocho milímetros. Y, aunque la legislación apunta a un mínimo de 1,6 milímetros, algunos especialistas recomiendan no bajar en ningún caso de los dos milímetros, momento en el que los conductores deben plantearse su sustitución. ¿Cuándo cambiar los neumáticos? Para saber si la necesidad es urgente existe un método rápido y sencillo. Solo hace falta colocar una moneda de un euro en posición vertical sobre la banda de rodadura: si el borde dorado de la moneda queda cubierto por la goma, significará que el neumático es todavía utilizable. Con un dibujo en malas condiciones, las distancias de frenado y el riesgo de aquaplaning en caso de lluvia se incrementan de forma exponencial, además de verse penalizado el agarre del vehículo en cualquier circunstancia. Por debajo de los 1,6 milímetros obligatorios, un neumático que rueda sobre mojado a 90 km/h pierde casi por completo el contacto con el asfalto, y si esto ocurre el vehículo queda fuera de control. Cuando los neumáticos ya tienen cierto desgaste, conviene coger ese euro y verificar que siguen estando en condiciones para circular con seguridad. Por si hay alguna duda, todos los fabricantes de neumáticos incorporan unos testigos que resultan visibles cuando se alcanza la profundidad mínima. Sin embargo, es mucho mejor no apurar tanto para evitar un susto. También existen medidores muy económicos (y de gran exactitud) que pueden ayudar en esta tarea, pero el truco de la moneda es una alternativa rápida y simple. Por otra parte, no solo hay que fijarse en el dibujo. Un neumático puede estar en mal estado aunque mantenga la profundidad, ya que con el paso del tiempo la goma se deteriora, especialmente si el vehículo pasa mucho tiempo estacionado en la calle. Si se ven síntomas de grietas en los laterales, hay que cambiarlos urgentemente. La presión, otro factor importante En una revisión del estado de las cubiertas de las ruedas también deben tenerse en cuenta otros aspectos, como la presión (un factor muy variable, porque los neumáticos van perdiéndola poco a poco) y el estado de conservación general. La presión es, sencillamente, el aire que llevan los neumáticos en su interior y que dan consistencia al compuesto. Debe ser la indicada por los fabricantes, que realizan estudios exhaustivos para determinar los parámetros más adecuados para cada tipo de utilización. Generalmente, puede encontrarse en el manual de usuario o en el propio vehículo: en el marco de las puertas o en la tapa de acceso al depósito de gasolina. Neumático muy desgastado. Cuidado con los taxis poco fiables Volviendo a lo anterior, hay que tener cuidado y precauciones a la hora de coger un taxi. Y es que hace unos días, también en Cataluña, se vivió una situación similar. Ni licencia, ni seguro, ni ITV, ni sobriedad. Lo que parecía un control rutinario en las calles de Barcelona se transformó en uno de los servicios más surrealistas de la Guardia Urbana en los últimos años. Los agentes no solo detuvieron a un taxista ilegal, sino que desactivaron una auténtica “bomba de relojería” con ruedas que circulaba por el corazón de la ciudad condal, poniendo en riesgo la vida de pasajeros y peatones.