10 kilómetros dentro del Mundial de RallyesDentro de las especialidades de las competiciones del motor, quizás la más espectacular es la de los rallyes, ya que es la que transmite una mayor sensación de velocidad y, por qué no decirlo, del riesgo que implican las carreras. La estrechez de las carreteras por las que se disputan los tramos cronometrados y los continuos derrapajes y cambios de peso nos hacen sentir dónde está el límite de adherencia y, a la vez, la habilidad de los pilotos y la efectividad de todos los sistemas de un automóvil de alta competición, como frenos, diferenciales, tracción, suspensiones, dirección y un largo etcétera de tecnicismos.Estas sensaciones son las que hemos tenido la oportunidad de sentir en un tramo de carretera de tierra de unos diez kilómetros, similar a cualquiera del Mundial de Rallyes, situado en una finca particular a poca distancia de Madrid. Allí, los especialistas del equipo MSI del empresario Teo Martín, propietario de la estructura deportiva que participa bajo el patrocinio de Repsol, habían preparado un recorrido mixto con zonas rápidas y otras más viradas para poder apreciar el comportamiento del Toyota GR Yaris Rally2 del Team Toyota Gazoo en todas las circunstancias. Al volante, Alejandro Cachón. Uno de los pilotos españoles más prometedores de su generación y que puede, en breve, dar el salto a la máxima categoría del Mundial de Rallyes en equipos oficiales de fábrica. Su capacidad de adaptación a distintos terrenos, su progresión desde los rallyes regionales hasta el Mundial y los resultados conseguidos en pruebas nacionales e internacionales le han consolidado como uno de los pilotos españoles de mayor proyección internacional en el campo de los rallyes. Una especialidad en la que España no tiene ningún campeón del mundo desde los tiempos de Carlos Sainz, pero a la que sueñan con llegar Alejandro Cachón y su copiloto Borja Rozada. Por el momento, continúan su ascenso al volante del Toyota GR Yaris Rally2.La meta no parece tan lejana, ya que su cotización en el panorama mundialista subió como la espuma tras proclamarse campeón de España en 2024 y anotarse, el pasado año, el triunfo en WRC2 en Japón. La primera opción de dar el salto para Cachón es que se alce con el campeonato de la categoría WRC2 en la presente temporada. Si esto sucede, es más que probable que la marca japonesa le proponga subir un escalón y así competir en la máxima categoría la próxima temporada. Seguiría, de esta forma, el camino que este año ha llevado al sueco Oliver Solberg hasta el WRC1, con resultados excepcionales, ya que está colocado actualmente en tercera posición del Mundial y consiguió un increíble triunfo en el Rallye de Montecarlo en su primera participación con el Yaris oficial.Ocupar durante unos kilómetros el asiento de Borja Rozada fue una experiencia única, a pesar de que, como es lógico, Alejandro no condujo, ni mucho menos, al límite de sus posibilidades. Pero aun así habría hecho temblar a cualquiera que no esté familiarizado con la alta competición. Si las aceleraciones son brutales, impresionan los cambios de peso en los apoyos para abordar las curvas más cerradas. Balancean el coche de un lado para otro y el Toyota se come el interior de las curvas para lograr arañar unas décimas de segundo y, sobre todo, no permitir que el motor caiga de vueltas y así tener la mayor aceleración posible a la salida del viraje para abordar a fondo los tramos más rectos. Este efecto de derrapaje controlado se acentúa en las horquillas, que es como se definen en el “argot” de los rallyes las curvas más cerradas, de 180 grados. En ellas, el cruce del coche tiene que hacerse un poco antes del vértice de la curva para poder así salir acelerando unos metros antes y ganar algo más de velocidad punta antes del siguiente viraje. En este juego, además de unos frenos muy eficaces, es imprescindible una dirección precisa para balancear el peso del coche en el momento exacto y no perder tiempo. Hay que tener en cuenta que las diferencias son mínimas y el triunfo en una prueba del Mundial, de varios días y cientos de kilómetros de tramos cronometrados cerrados a la circulación, se decide habitualmente por cuestión de segundos. Además del piloto, tiene especial mérito el copiloto, en este caso, Borja Rozada. Su asiento va colocado más bajo de lo normal para mejorar el centro de gravedad. Con ello, en las zonas de aceleración, cuando hay una tendencia a que el morro del coche se levante, es difícil ver la carretera y por ello tiene que tener una sensibilidad especial para cantar a Alejandro la nota correspondiente al siguiente obstáculo, sea una curva, un cambio de rasante con bote por el aire incluido u otra referencia que sirva para cumplir con el objetivo de pasar más rápido que el resto de los pilotos. Alejandro Cachón y Borja Rozada, a los mandos de su Toyota GR Yaris Rally2 con los colores de Repsol, tienen un gran futuro por delante, como nos demostraron hace solo unos días.