Al volante hay muchos comportamientos que pueden resultar peligrosos y acabar provocando un accidente. Hay algunos con los que los conductores están más concienciados, pero hay otros a los que no se les da la importancia que merecen aunque ponen en riesgo a todos los usuarios de la carretera. Uno de los principales son las distracciones. Distraerse mientras se conduce es algo muy habitual, porque hay multitud de fuentes de distracción a nuestro alrededor. En ocasiones son factores externos, pero en otras son acciones de los propios conductores lo que provocan esa falta de atención. El problema es que es algo que se ha normalizado, pese a que entraña un peligro importante. Según datos de la Dirección General de Tráfico, las distracciones están implicadas en casi una cuarta parte de los accidentes mortales que suceden en carretera, así que es algo que no se debe pasar por alto. Pero, con la enorme variedad de posibles distracciones que hay, ¿cuáles son las más comunes y cuáles las que menos? Un estudio llevado a cabo por Mercury Insurance ha realizado una clasificación. Distracciones más habituales al volante Liderando la lista están los siguientes comportamientos: Beber una bebida mientras se conduce (79%) Ajustar el navegador o los mapas en el teléfono (69%) Intentar coger algo dentro del coche (69%) Realizar una llamada telefónica con manos libres (66%) Comer mientras se conduce (61%) Leer un mensaje de texto o una notificación (59%) Concentrarse en pensamientos personales en lugar de la carretera (55%) Mirar algo fuera del coche en vez del tráfico (54%) Cambiar la música en el teléfono sin usar los controles del volante (46%) Observar casas, edificios o el paisaje durante más tiempo del debido (45%) En los hábitos que están al frente hay una característica común: son actos que cualquier conductor comete de manera recurrente porque los tiene interiorizados y, seguramente, porque no considera que distraigan, una percepción que es errónea. GPS coche Comer o beber implica soltar al menos una mano del volante, como también lo hace usar el navegador o coger un objeto dentro del habitáculo, pero además también supone desviar la vista de la carretera, lo que aumenta las posibilidades de no darse cuenta de algo importante. Larry Anderson, Director de Operaciones de Suscripción de Mercury Insurance, señala el mayor problema: “Lo que más llama la atención es la desconexión entre percepción y riesgo. Cuando un comportamiento arriesgado se vuelve rutinario, deja de percibirse como tal. La ausencia de accidentes se interpreta erróneamente como prueba de que el comportamiento es seguro. Pero conducir es impredecible y las condiciones pueden cambiar en segundos”. Distracciones menos habituales al volante En el extremo opuesto están estos hábitos: Comprar por internet o buscar productos online (6%) Ver vídeos cortos (10%) Desplazarse por redes sociales (13%) Utilizar el teléfono para enseñar algo a un pasajero (14%) Girarse para hablar con los pasajeros (15%) Arreglarse o asearse mientras se conduce (16%) Consultar el correo electrónico (17%) Realizar un pedido desde el móvil (21%) Apartar la atención de la carretera para responder a alguien dentro del coche (23%) Mirar vallas publicitarias o señales de carretera más tiempo del necesario (25%) Como podía esperarse, son conductas poco habituales y que el grueso de los conductores considera que están fuera de lugar cuando van al volante. Sin embargo, entre ellas hay también situaciones comunes como es distraerse al hablar con alguien que va en el mismo coche. “El exceso de confianza multiplica el riesgo. Cuando los conductores creen que pueden realizar varias tareas a la vez sin peligro, es menos probable que corrijan esos comportamientos por sí mismos. Esa brecha entre el control percibido y el tiempo de reacción real es donde ocurren los accidentes”, explica Anderson.