Los conductores están acostumbrados a enfrentarse al granizo, los golpes de aparcamiento o los actos vandálicos. Lo que nadie esperaba era que una nueva amenaza obligara a cambiar las rutinas de decenas de conductores. En una zona residencial donde nunca ocurría nada fuera de lo común, los propietarios han comenzado a cubrir vehículos, lanzar avisos entre vecinos y revisar cada mañana el estado de las gomas exteriores. Cuando el coche se convierte en una preocupación La escena se repite desde hace meses en Lochardil, un barrio situado en las afueras de Inverness, en Escocia. Lo que comenzó como una anécdota terminó convirtiéndose en un problema real para numerosos propietarios de automóviles. Los afectados empezaron a detectar daños aparentemente inexplicables en elementos concretos de sus vehículos. Al principio parecían desperfectos aislados, pero la frecuencia de los incidentes acabó revelando que existía un patrón común. Las piezas más perjudicadas son las juntas de las ventanillas, los perfiles de goma y los limpiaparabrisas. Componentes que suelen pasar desapercibidos hasta que ocurre algo extraño. Limpiaparabrisas levantados en un coche. Y ahí aparece el verdadero problema. Aunque puedan parecer elementos secundarios, las reparaciones pueden dispararse rápidamente cuando se ven afectados sistemas de estanqueidad o piezas específicas difíciles de reemplazar por separado. Algunos residentes aseguran que las facturas acumuladas en la zona ya alcanzan varios miles de libras. En determinados casos, las reparaciones individuales se han acercado a los 800 euros. El responsable no roba ni rompe cristales No se trataba de ladrones ni de gamberros. Tampoco de una banda organizada dedicada al robo de piezas. El responsable era un único ejemplar de cotorra de collar, un ave de color verde brillante que lleva meses apareciendo y desapareciendo por el barrio. Los residentes aseguran que el animal se posa sobre techos, retrovisores y parabrisas antes de comenzar a deteriorar distintas partes de goma del vehículo. Su comportamiento ha generado una situación tan peculiar que algunos vecinos ya cuentan con una especie de sistema de alerta improvisado. Cuando alguien detecta la presencia del ave, avisa rápidamente al resto para intentar evitar nuevos daños. La batalla diaria para proteger los coches Ante la falta de soluciones definitivas, los vecinos han comenzado a improvisar todo tipo de estrategias para evitar nuevos daños. Algunos propietarios cubren completamente sus vehículos con fundas protectoras cada vez que estacionan. Otros han colocado elementos disuasorios visibles desde el exterior para intentar ahuyentar al animal. Entre las medidas más llamativas aparecen serpientes de plástico situadas sobre el salpicadero o junto al parabrisas, una técnica que busca simular la presencia de un depredador. Sin embargo, la solución que parece estar ofreciendo mejores resultados tiene un ingrediente inesperado. Varios residentes han comenzado a aplicar aceite esencial de menta sobre las superficies de goma más expuestas. Según indican medios internacionales, quienes han probado este método, el olor resulta especialmente desagradable para el ave y reduce notablemente el interés por los vehículos tratados. Aunque no existe una garantía absoluta, muchos conductores aseguran que los ataques disminuyen cuando utilizan este sistema. Mientras tanto, las autoridades locales recuerdan que el animal está considerado fauna silvestre y que cualquier actuación debe realizarse dentro de la normativa vigente. Los coches y los animales, una vieja guerra Aunque el caso escocés resulta especialmente llamativo, no es la primera vez que la fauna pone en aprietos a los conductores. En muchas zonas rurales españolas son habituales los ataques de aves a los retrovisores. Los pájaros interpretan su reflejo como un rival y golpean repetidamente el cristal hasta provocar arañazos, roturas o desperfectos en las carcasas. Por ese motivo, algunos conductores recurren desde hace años a una solución tan sencilla como efectiva: cubrir los espejos con bolsas de plástico cuando dejan el vehículo estacionado durante largos periodos. La técnica puede parecer extraña para quien la ve por primera vez, pero elimina el reflejo y evita que el ave identifique una supuesta amenaza. También existen ejemplos más extremos fuera de Europa. En determinadas zonas de Norteamérica, algunos propietarios rodean los coches con mallas y estacas para impedir que determinados animales accedan a neumáticos, bajos o cableados.