Con sus elegantes líneas, su batalla alargada y numerosas piezas de la carrocería fabricadas en madera, el Super Station Sedan Special de 1950 constituyó uno de los ejercicios de estilo más singulares vinculados a la histórica marca Packard. Este ejemplar único, inspirado en un proyecto interno que nunca llegó a producirse, fue subastado por RM Sotheby's por 47.500 dólares (algo menos de 40.000 euros). Así, el legado de este prototipo sigue vivo incluso en la era moderna. La idea El coche nació de una idea que maduró a finales de los años 40 en el centro de diseño de Packard, una marca estadounidense activa entre 1899 y 1958. Los diseñadores imaginaron una versión más elegante del Station Sedan, basada en el chasis de batalla larga del Super Eight. El objetivo era crear una camioneta de lujo capaz de combinar la imagen prestigiosa de la berlina con la versatilidad de un familiar, eliminando el exceso de paneles de madera del coche que tomaba como base técnica. Sin embargo, el proyecto original nunca llegó a la fase de producción. El Station Sedan de serie (fabricado entre 1948 y 1950) utilizaba una estructura de acero con inserciones de caoba aplicadas en las puertas traseras y los laterales, además de elementos estructurales de madera en el portón trasero. Las ventas fueron limitadas (poco menos de 4.000 unidades en total) y el modelo desapareció del mercado después de 1950. De los bocetos a la carretera En realidad, el Super Station Sedan Special del que os hablamos tomó forma años más tarde, cuando un entusiasta decidió transformar ese boceto que había quedado en un cajón en un coche real. El resultado fue un ejemplar único construido combinando componentes Packard de época. La distancia entre ejes era unos 18 centímetros más larga que la del Station Sedan de serie, un detalle que le confería unas proporciones más esbeltas. La madera estaba presente en los marcos de las ventanillas laterales y en el portón trasero, pero desapareció de los laterales, dejando espacio a superficies más lineales y molduras cromadas pulidas con esmero. Bajo el capó trabajaba un motor de ocho cilindros en línea combinado con una caja de cambios manual. El coche fue completamente restaurado, con paneles de madera hechos a mano y discretas actualizaciones técnicas, como frenos derivados de modelos Packard posteriores y un sistema eléctrico renovado. Ahora se presenta como un ejercicio de estilo de otros tiempos, en perfecto estado de funcionamiento, capaz de llamar la atención en las concentraciones del Packard Club.