El Hennessey Demon 1700 tiene 1.700 CV de potencia y lo podrás encontrar quemando rueda por tu calle El mundo del motor ha sido testigo de hitos absurdos, pero lo que Hennessey Performance ha logrado con su nuevo Demon 1700 redefine por completo la frontera entre lo que es un coche y lo que es un arma de aceleración masiva. Con una cifra de potencia que suena más a un error de imprenta que a una especificación técnica real, este monstruo de 1.700 CV se prepara para dominar las calles y las pistas de drag, dejando claro que, para los tejanos, el concepto de "suficiente" simplemente no existe.El punto de partida ya era una leyenda, el Dodge Challenger SRT Demon 170 de 1.025 CV, pero en el taller de Sealy han decidido que el motor más potente de la historia de Detroit necesitaba un poco más de pimienta, o mejor dicho, una cirugía a corazón abierto completa que ha dejado a los entusiastas con la boca abierta.La transformación es radical y comienza por lo que muchos considerarían un sacrilegio: Hennessey ha retirado el icónico sobrealimentador de 3.0 litros de fábrica, ese que emitía el característico silbido del Demon, para dar paso a un sistema de doble turboalimentación mucho más eficiente para alcanzar potencias de cuatro cifras.Bajo el capó ahora reside un bloque HEMI V8 cuya cilindrada ha sido aumentada de los 6.2 litros originales hasta unos masivos 7.2 litros, o 440 pulgadas cúbicas, rindiendo homenaje a los motores "Big Block" de la era dorada del músculo americano.Este motor ha sido reconstruido desde cero con componentes forjados de alta resistencia para soportar los 23 psi de presión que soplan los dos turbocompresores Precision PT6870, una configuración que permite que el coche respire con una violencia mecánica inaudita.Recientemente, los resultados en el banco de potencia han confirmado que las promesas de John Hennessey no eran simples alardes de marketing. En las pruebas de dyno publicadas, el Demon 1700 registró unos asombrosos 1.355 CV directamente a las ruedas traseras, con un par motor de 1.202 lb-pie medido en el asfalto.Para poner esto en perspectiva, esta bestia genera más fuerza de empuje en sus neumáticos que la que un Bugatti Chiron produce en su propio cigüeñal. Es una cantidad de energía tan brutal que requiere un sistema de combustible específico alimentado por E85 y una transmisión reforzada de Etapa 3 para evitar que los engranajes se conviertan en metralla en el momento en que el conductor pise el acelerador a fondo.Esta creación no es solo un ejercicio de fuerza bruta, sino la carta de presentación de Hennessey Special Operations (HSO), una nueva división interna dedicada exclusivamente a proyectos de volumen ultra bajo y rendimiento estratosférico. Solo se construirán doce unidades de este Demon 1700, lo que lo convierte en uno de los vehículos más exclusivos del planeta.La idea de que un coche capaz de completar el cuarto de milla en apenas 7,9 segundos a más de 280 km/h pueda llevar una matrícula y circular por tu calle es, sencillamente, una oda a la libertad mecánica que aún sobrevive en Texas. Mientras el resto de la industria se inclina hacia el silencio de la electrificación, Hennessey responde con un estruendo de escapes de acero inoxidable y el olor a goma quemada.Incluso los altos mandos de la industria han quedado atónitos ante este despliegue de potencia. Durante una de las sesiones de prueba en el dinamómetro, se pudo ver a Tim Kuniskis, el máximo responsable de Dodge y RAM, observando con incredulidad cómo el motor 7.2 biturbo devoraba aire y generaba cifras que superan por 675 CV a la configuración de fábrica más extrema que su propia marca pudo diseñar.Poseer una de estas doce unidades requiere algo más que una cuenta bancaria abultada; se necesita el valor para domar una máquina que busca constantemente romper la tracción, incluso a velocidades de autopista. Con un precio de conversión que ronda los 200.000 dólares, adicionales al coste del Demon 170 original, el Hennessey Demon 1700 se posiciona como el pináculo del "Muscle Car" moderno.Por último, este majestuoso vehículo es un recordatorio ruidoso y violento de que, antes de que el motor V8 se retire definitivamente a los libros de historia, todavía tiene una última y ensordecedora palabra que decir en manos de quienes no temen desafiar las leyes de la física.