Se mire por donde se mire, el Chevrolet Corvette es un coche legendario. La cuestión es que su leyenda se ha forjado casi exclusivamente al otro lado del Atlántico, en Estados Unidos, por eso no deja de ser curioso que una de sus versiones más raras fuera exclusiva del Viejo Continente: solo se vendió en Europa.El deportivo estadounidense ha ido evolucionado sin perder su esencia desde los años 50, tiempo de sobra como para que el mundo haya visto ediciones especiales de todos los tipos, formas y colores, pero la marca de la pajarita tuvo a bien recompensar en exclusiva este lado del océano con el Corvette Victory Edition de 2007. Se trataba de una versión limitada del Corvette C6 que no fue un simple ejercicio de marketing ni una preparación más, nació con un propósito emocional: celebrar los éxitos de Corvette Racing en las 24 Horas de Le Mans, especialmente las memorables cinco victorias de clase GT1 que consiguió entre 2001 y 2006. Ese palmarés sirvió para convertir al Chevrolet Corvette de competición en algo más que un muscle car americano frente a sus rivales europeos, era un contrincante al que había que temer. No era precisamente poco, así que General Motors decidió producir una serie limitada de solo 250 unidades del modelo.Bajo el capó, el Victory Edition no traía una revolución radical en cuanto a prestaciones frente a otros C6: montaba el motor LS2 de 6,0 litros V8 con aproximadamente 404 CV y 546 Nm de par, cifras que no eran la mayor locura de la época, pero que tampoco estaban mal. Se combinaba con una caja de cambios manual de 6 velocidades, aunque también había una automática con levas al volante como opción. La guinda la ponía la propulsión trasera, lo que le permitía alcanzar cerca de 300 km/h de velocidad punta y acelerar de 0 a 100 km/h en unos 4,3 – 4,8 segundos, dependiendo de la transmisión elegida.Hasta ahí, el Victory Edition no era nada del otro mundo, pero Chevrolet se encargó que de llamara la atención por otros motivos. Se ofrecía únicamente en dos colores exteriores, Black o Velocity Yellow Tintcoat, combinados con llantas de aluminio acabadas en gris Competition y con un pequeño alerón trasero pintado a juego. El interior, pensado para celebrar la herencia de competición del modelo, incorporaba un tapizado en dos tonos con el emblema de la bandera Corvette, detalles en acabado estilo fibra de carbono en varias zonas del salpicadero y de la consola central, y sumaba una placa identificativa numerada que certificaba la exclusividad de cada unidad dentro de los 250 ejemplares fabricados. El equipamiento también era bastante completo: sistema de navegación con pantalla táctil y guía por voz (recordemos que hablamos de mediados de la década de los 2000), asientos calefactados, sistema de sonido Bose de alta calidad, Head-Up Display que mostraba, entre otras cosas, la fuerza G a la que se estaba sometiendo el vehículo; y retrovisor electrocromático.Además, con la compra se incluía un curso de conducción Corvette Drivers Training en circuito para los propietarios, así que además del deportivo en sí, se endulzaba la compra con una experiencia más que interesante. Una de las cosas más llamativos de esta edición es que en Estados Unidos muchos aficionados ni siquiera conocen este modelo, porque no estuvo disponible allí de forma oficial. ¿Por qué lanzarlo solo Europa?La decisión respondió tanto a estrategias de marketing como al contexto del automovilismo: el éxito de Corvette Racing en Europa, en especial en Le Mans, había elevado la visibilidad de la marca entre aficionados del motor del viejo continente, así que General Motors vio la oportunidad de capitalizar ese prestigio ofreciendo un producto que celebraba victorias y “doraba la píldora” a sus potenciales clientes europeos ofreciéndoles algo tremendamente exclusivo.Esto ha hecho que hoy en día, un Victory Edition se considere una rareza bastante codiciada en los mercados de coleccionistas y subastas. Con solo 250 existentes y muchos de ellos conservados por entusiastas, que se hicieron con él meramente con aspiraciones económicas ante su potencial revaloración, hace que rara vez se vea uno y que, cuando una unidad esté disponible, esté muy valorada. Hay que tener en cuenta que cuando se puso a la venta su precio era de 76.650 euros. La cantidad es elevada, especialmente teniendo en cuenta la época de la que hablamos, pero también hay que recordar que esto fue antes de la crisis, con las “vacas gordas”, en un momento en el que el dispendio era más habitual. Estamos seguros de que si, algún propietario lo vende o saca a subasta ahora, ganará dinero.