Una de las primeras cosas que aprende una persona que está intentando sacarse el carné de conducir es que, para arrancar el coche, hay que meter la primera marcha. Cada una de las posiciones de la palanca de cambios debe utilizarse en un momento concreto y en función de factores como la velocidad y las necesidades del motor.Por eso, arrancar directamente en segunda suele considerarse una mala práctica, ya que exige un mayor esfuerzo mecánico y puede hacer que el coche se cale. Sin embargo, también hay algunas excepciones en las que esa técnica tiene sentido e incluso sirve para controlar mejor el vehículo. Arrancar en segunda El ingeniero mecánico Jason Fenske ha asegurado que hay una situación en la que arrancar en segunda marcha es una buena idea. Se trata del momento de arrancar en una pendiente descendente, ya que en ese caso, para evitar que el coche empiece a acelerar al rodar cuesta abajo, el conductor puede meter la segunda marcha. El impulso del vehículo por ir en pendiente descendente hace que no se produzca un desgaste adicional en las piezas del embrague. En ocasiones, los conductores se ven tentados a arrancar en segunda marcha cuando el coche está sobre una superficie que resbala, como por ejemplo una carretera cubierta de nieve o hielo. Sobre el papel puede tener cierta lógica, pero el ingeniero explica que, en este caso, la segunda provocará un mayor desgaste del embrague y debe evitarse. Cuándo conviene arrancar un coche en segunda marcha y por qué puede ayudarte en ciertas situacionesCuándo cambiar de marcha Otro hábito que repiten muchos conductores es saltarse marchas. Es decir, pasar, por ejemplo, de tercera a quinta, o de cuarta a segunda. Desde el RACE explican que al acelerar se puede hacer, pero el coche se quedará sin fuerza, mientras que utilizar esta técnica al reducir, la caja de cambios puede sufrir más. Por eso, lo mejor es cambiar marcha tras marcha y de forma ordenada. Para optimizar el rendimiento y la eficiencia del coche, la recomendación general es cambiar la velocidad entre las 2.500 - 3.000 rpm si el propulsor es de gasolina o a las 2.000 - 2.500 rpm si es diésel. Al reducir, en un gasolina se debe hacer antes de que las rpm bajen por debajo de las 1.500, mientras que en un diésel el cambio es antes de las 1.200 rpm.