Fíjate en el nuevo BMW i3: es eléctrico, así que ya no necesita una parrilla de verdad y, aun así, el doble riñón sigue ahí, bien visible, en el centro del frontal. Basta para entender uno de los dilemas más interesantes del diseño actual. Porque en los coches de batería la toma de aire tradicional puede desaparecer o bajar a la parte inferior del paragolpes; la parrilla, sin embargo, a menudo sigue sobreviviendo como recurso gráfico, como seña de identidad de marca, como 'cara' reconocible del coche. Cuando la parrilla no hacía falta En el pasado, la ausencia de la parrilla no era un ejercicio de estilo, sino una consecuencia técnica. Los populares coches con motor trasero, del Escarabajo al Fiat 600 pasando por el Simca 1000, podían permitirse un frontal casi 'ciego' o lo compensaban con una falsa rejilla más 'tranquilizadora'. Con el tiempo, el motor volvió a instalarse de forma estable delante y, con él, la necesidad de llevar aire al radiador. Así, la parrilla se convirtió en un elemento casi obligado; primero separada del paragolpes y luego cada vez más integrada en el frontal, como ya mostraba con mucha claridad el primer Fiat Ritmo. Con el motor completamente detrás, el Beetle podía prescindir de una verdadera parrilla: el frontal se mantenía casi cerrado, limpio e inmediatamente reconocible En el Fiat Ritmo de primera serie la parrilla se integraba en el frontal: un paso clave hacia el coche moderno La parrilla también es una marca La cuestión es que la parrilla nunca ha servido sólo para refrigerar. También ha sido una de las formas más rápidas de reconocer una marca: Mercedes-Benz, Volvo y Lancia trabajaron durante años el tema del 'falso radiador', mientras Alfa Romeo construyó una larga historia de variantes mucho más rica que el trilobo actual. Renault, desde este punto de vista, es casi un caso de estudio: basta mirar las distintas generaciones del Clio para ver cómo la presencia de la parrilla puede ensancharse, estrecharse o casi desaparecer sin perder del todo el vínculo con la marca. De hecho, el último Clio mantiene un frontal dominado por la rejilla. En el Junior, Alfa Romeo conserva el escudo central reinterpretando el clásico trilobo con un frontal más articulado y con el Biscione excavado en el triángulo El ejemplo más llamativo de la ausencia de la parrilla es sin duda el frontal plano del Tesla Cybertruck Con el eléctrico, la toma de aire baja Con el coche eléctrico, la necesidad técnica cambia. La refrigeración sigue existiendo, pero a menudo basta con una gestión del aire más contenida y desplazada a la parte inferior del paragolpes; por eso Tesla popularizó el frontal casi liso, hasta el caso extremo del Tesla Cybertruck, que lleva al límite la idea de un morro plano y casi abstracto. También el Citroën Ami muestra la misma lógica en una versión radicalmente urbana: aquí el frontal ni siquiera intenta fingir una parrilla tradicional, y la simetría con la zaga pasa a formar parte del planteamiento para reducir costes y componentes. Es uno de los ejemplos más claros de cómo la 'cara' del coche nace sin la antigua obligación de la parrilla. Hoy el dilema está aquí Por eso muchos eléctricos se dividen en dos familias. Por un lado están los que aceptan un frontal cerrado, como Tesla o el Ami; por otro, los que mantienen un 'gesto de parrilla' para no perder identidad, como BMW, que en el i3 derivado del concept Neue Klasse transforma el doble riñón en una superficie integrada con faros y sensores. La paradoja final es que ahora también ocurre lo contrario: algunos térmicos parecen eléctricos, o comparten el frontal con versiones de batería e híbridas. El nuevo Lancia Ypsilon, por ejemplo, utiliza tres segmentos luminosos que evocan la parrilla histórica, mientras que la versión híbrida se diferencia también por tomas de aire específicas: señal de que hoy la parrilla ya no es sólo función, sino lenguaje. Galería: BMW i3 2026 BMW Make: BMW Model: URL: BMW