¿Qué significa cuando el frigorífico hace ruidos fuertes durante la noche?Forrar la parte trasera del frigorífico con papel de aluminio se ha convertido en uno de esos trucos virales que prometen reducir la factura de la luz sin esfuerzo. Es fácil, barato y no requiere modificar el electrodoméstico, así que no es raro que haya ganado popularidad en poco tiempo. Sin embargo, la duda es inevitable: ¿realmente sirve para ahorrar o es otro mito más de internet? Por qué el frigorífico consume tanto El frigorífico es uno de los aparatos que más energía consume en casa porque funciona de forma continua. Buena parte de ese gasto depende de cómo expulsa el calor que genera, algo que ocurre en la parte trasera, donde se encuentra el condensador. Esa zona necesita estar bien ventilada. Si no lo está, el aparato tiene que trabajar más para mantener la temperatura interior, lo que acaba traduciéndose en un mayor consumo eléctrico. A partir de ahí surge la idea del papel de aluminio: colocarlo detrás para “reflejar” el calor y mejorar el rendimiento. Sobre el papel suena lógico, pero en la práctica no ofrece el resultado que se promete. El aluminio no reduce el consumo por sí mismo y, si se coloca mal, incluso puede empeorar la situación al dificultar la ventilación o hacer que el calor se acumule. En cambio, hay algo mucho más sencillo que sí marca la diferencia: la limpieza. Cuando el polvo se acumula en la parte trasera, impide que el calor se disipe correctamente y obliga al frigorífico a trabajar más de lo necesario. Esto no significa que el papel de aluminio no tenga ninguna utilidad en este tipo de electrodomésticos. De hecho, hay otro truco bastante extendido que consiste en colocar pequeñas bolas de aluminio dentro del congelador. En ese caso, el aluminio actúa como conductor térmico y ayuda a mantener una temperatura más estable, lo que puede reducir ligeramente el esfuerzo del compresor y la formación de escarcha. Algunas estimaciones sitúan ese posible ahorro entre un 5% y un 8% del consumo, una diferencia modesta pero que puede notarse con el paso del tiempo.Más allá de estos trucos, lo que realmente influye en el gasto eléctrico son los hábitos de uso y el mantenimiento. Dejar espacio entre el frigorífico y la pared para que circule el aire, limpiar la parte trasera con cierta frecuencia o evitar introducir alimentos calientes son gestos sencillos que sí tienen impacto. A eso se suma un uso adecuado, como no abrir la puerta constantemente y ajustar bien la temperatura, que lo recomendable es mantener entre los 3 y los 5 grados.