Hay escenas al volante que parecen sacadas de una película, pero ocurren en la vida real. De repente, un coche en un lugar prohibido, una maniobra inexplicable o una decisión imposible de justificar. Y, muchas veces, detrás de estas situaciones hay un factor común: el alcohol. Conducir ebrio no solo multiplica las probabilidades de sufrir un accidente, también distorsiona por completo la percepción del entorno. Y si ese entorno es un espacio especialmente sensible, el problema va un paso más allá. Perder el control en una vía secundaria ya es peligroso, pero hacerlo en una calle peatonal junto a un monumento histórico lo es aún más. El Acueducto de Segovia, uno de los grandes símbolos patrimoniales de España, se ha convertido en el inesperado escenario de una escena preocupante. Un conductor, completamente ebrio, irrumpió con su coche en las escaleras situadas junto al monumento y acabó descendiendo por el tramo de la calle Fernán García, que conecta la plaza de Día Sanz con la de la Artillería, en pleno centro de la ciudad. No fue un simple despiste ni una maniobra mal calculada: el vehículo acabó bajando por un acceso pensado exclusivamente para peatones, ante la mirada de varias personas que se encontraban en la zona y que no dudaron en grabar la escena con sus teléfonos móviles. Un descenso imposible en pleno Acueducto Lejos de quedarse en una imagen puntual, hubo un detalle que reforzó aún más la sensación de descontrol: el conductor circulaba con la puerta del copiloto abierta, una imagen tan llamativa como peligrosa. Tras el incidente, el conductor fue localizado minutos después por la Policía Local de Segovia en el barrio del Sotillo de La Lastrilla, con evidentes daños en las ruedas del vehículo. Según fuentes municipales, este cuerpo ha asumido la investigación, en coordinación con la Guardia Civil, ya que el coche apareció en otro municipio. Una vez identificado, los agentes le sometieron a una prueba de alcoholemia, en la que dio positivo, según han informado medios locales, por lo que ahora se investigan las posibles infracciones derivadas de lo ocurrido. Más allá de la temeridad evidente, este tipo de conductas puede tener consecuencias importantes. El alcohol al volante, más allá de la multa En España, superar ciertos niveles de alcohol al volante implica multa y pérdida de puntos, pero también puede llegar a considerarse delito. La tasa máxima está fijada en 0,25 mg/l en aire espirado para la mayoría de conductores y en 0,15 mg/l para profesionales y noveles. A partir de 0,5 mg/l, la sanción puede alcanzar los 1.000 euros, además de la correspondiente pérdida de puntos. Pero hay una línea aún más clara. Si se superan los 0,60 mg/l, la vía administrativa se agota y se entra en el terreno penal. En ese caso, las consecuencias van mucho más allá de la multa: retirada del carnet, sanciones más elevadas e incluso penas de prisión. El alcohol y la conducción son incompatibles. A esto se suma el agravante del lugar. El entorno del Acueducto cuenta con una normativa específica para proteger el patrimonio, con sanciones elevadas para comportamientos que pongan en riesgo el monumento o su entorno.