A diferencia de un coche sobre el asfalto, un barco que navega por el mar está completamente sometido a los caprichos del agua. Un medio que, como todos conocemos, puede fluir a nuestro alrededor o golpearnos con una contundencia inconcebible.

Precisamente por ello, los buques que pasan más tiempo en alta mar cuentan siempre con multitud de mecanismos que garantizan su flotabilidad y evitan las zozobras o los hundimientos que podrían sufrir en la mayoría de episodios de gran oleaje, marejadas o galernas. Pero, si hablamos de un campeón contra la 'mala mar', es imposible no mencionar a FLIP, el barco que, literalmente, es capaz de hundirse para impedir que un temporal acabe con él.

Un prodigio con más de 60 años de historia

El R/P FLIP, acrónimo de 'Floating Instrument Platform', fue construido en 1962 por encargo de la Oficina de Investigación Naval de los Estados Unidos, y durante varias décadas serviría como buque de investigación oceanográfica en el Instituto Oceanográfico Scripps, asociado a la Universidad de California-San Diego.

Sus 108 metros de eslora y sus 700 toneladas en vacío lo convierten en un buque de grandes proporciones, pero sus formas no son en absoluto convencionales. De hecho, sólo su proa y el castillo que conforma su puente de mando, de apenas un centenar de metros de longitud, pueden asemejarse a los de un barco normal de su mismo tamaño. Desde ahí hasta la popa, el FLIP toma una forma cilíndrica sumergida en su mayor parte, casi como un submarino navegando en superficie. Con una salvedad: no posee motores, por lo que debe ser arrastrado mediante remolcadores.

Y precisamente este extraño diseño es lo que le otorga su cualidad inimitable: una vez en su zona de trabajo, el FLIP inunda de forma controlada los tanques de lastre de su sección cilíndrica. Al sumergirse desde la popa, la otra mitad del barco se alza progresivamente hasta una inclinación de 90 grados, alcanzando así una postura casi vertical donde la parte anterior permanece en el aire.

Según el propio Instituto Scripps, esta maniobra consigue que la mayor parte del FLIP permanezca sumergida y por debajo de las capas marinas que suelen verse más afectadas por el oleaje y las corrientes.

Por tanto, aunque un observador profano podría confundirlo con un hundimiento catastrófico, en realidad esta curiosa postura es la que permite a este barco realizar en paz sus apreciadas tareas de investigación oceanográfica, como las pruebas de sonido bajo el agua, rastreo de corrientes y olas, monitorización de la temperatura del agua o el estudio de los mamíferos marinos.