Si hace unos días te explicábamos cómo el coche eléctrico era un problema para los talleres, esta vez vamos con la parte positiva. Porque, si algo ha conseguido el automóvil eléctrico, ha sido contribuir a mejorar la calidad del aire que respiramos en las ciudades. Y de esto nos beneficiamos todos, tanto usuarios como los ciudadanos.Uno de los motivos por los que la industria del automóvil ha apostado por la electrificación en general y el coche eléctrico en particular es, precisamente, la necesidad de reducir las emisiones de CO2 a la atmósfera.No obstante, conviene aclarar que no es el único factor, ya que detrás de esta decisión, impulsada por las políticas verdes de algunos países (el Pacto Verde en el caso de la Unión Europea), también hay otros intereses, como el negocio de las tierras raras, las materias primas necesarias para fabricar las baterías. Pero no es este el asunto ahora.En cualquier caso, las ventas de vehículos eléctricos puros han aumentado en 2026, tanto en España como, en general, en Europa. En nuestro país, se han vendido 93.508 unidades hasta el 31 de agosto (incluyendo vehículos comerciales, industriales, autobuses y cuadriciclos, además de turismos), un 33% más que en el mismo periodo de 2025, con el 9,6% del mercado.En el caso de la Unión Europea, las matriculaciones de vehículos a batería superaron los 1,22 millones en el primer semestre, empujadas por Alemania, Francia y Reino Unido. Ya supera el 20% de cuota.Más coches eléctricos, mejor calidad del aire en las ciudadesEl aumento de coches eléctricos (y de híbridos) en las ciudades ha permitido una mejora notable de la calidad del aire con respecto a años anteriores. La razón es obvia: al no expulsar gases por un tubo de escape, no contamina directamente. Cuestión aparte es la contaminación indirecta.El nivel de polución aumentó durante décadas en muchas ciudades del mundo, debido, en parte, al aumento de los automóviles, aunque no son los únicos responsables: fábricas, calderas, etc., también tuvieron culpa.En concreto, en España empezaron a aparecer las famosas boinas de contaminación en algunas ciudades como Madrid o Barcelona. Aquí conviene detenerse un momento para comprender el porqué del aumento de los gases en los núcleos urbanos.Esto se debió, en parte, a que, desde las autoridades nacionales y europeas, se incentivó la compra de automóvil diésel, incluso para aquellos usuarios que necesitaban un vehículo solamente para ciudad y hacer trayectos cortos. Esto explica la dieselización del parque automovilístico europeo. Luego, esas mismas autoridades han promocionado el vehículo eléctrico.Se han reducido las muertes vinculadas a la contaminaciónLa reducción de las emisiones se traduce en una mejor calidad del aire. Los niveles de dióxido de nitrógeno (NO₂) y partículas en suspensión gruesas (PM₁₀) han bajado de manera significativa en la mayoría de las zonas urbanas, gracias a las restricciones de tráfico.Por tanto, ahora respiramos un aire más limpio en las ciudades, lo que ha hecho que se reduzcan las muertes vinculadas a la contaminación.En España, las muertes anuales asociadas a la contaminación han bajado de forma notable en las últimas dos décadas, pasando de unas 34.000 en 2007 a menos de 20.000 en 2024, según estudios recientes, como Lancet Countdown.No solo el uso del automóvil eléctrico es responsable de esto, sino también iniciativas para fomentar el uso del transporte público o los llamados vehículos de movilidad personal (VMP), como las bicicletas o los patinetes eléctricos.Lejos de los objetivos de 2030En la UE, se han conseguido avances en la mejora de la calidad del aire y, según el último informe Air Quality Status 2026 de la Agencia Europea de Medio Ambiente (EEA, por sus siglas en inglés), se ha logrado el objetivo de reducir un 55% las muertes prematuras por contaminación en comparación con niveles de referencia pasados.Pero el mismo estudio señala que aún necesita reforzar sus medidas para cumplir con los objetivos fijados para 2030, especialmente en lo que respecta al ozono troposférico y las partículas en suspensión.Los datos hacen referencia a los años 2024 y 2025 e indican que la mayoría de las estaciones de control cumplen con los estándares actuales de la Unión Europea para contaminantes como las partículas finas (PM2.5) y el dióxido de nitrógeno (NO2).Sin embargo, todavía hay un 20% de estaciones que registran niveles superiores a los límites legales, especialmente en el caso de PM10, ozono (O3) y benzo(a)pireno (BaP).